La tipografía no es solo una cuestión de estética; en el mundo digital, juega un papel clave para generar confianza en los usuarios. Cuando diseñas una página web o una app, la elección de la fuente puede hacer la diferencia entre que alguien se sienta cómodo navegando o que cierre la pestaña por inseguridad. Fuentes claras, legibles y bien combinadas transmiten profesionalismo y fiabilidad, mientras que estilos desordenados o difíciles de leer pueden generar duda y desconexión. Además, la consistencia en el uso de tipografías refuerza la identidad de marca y aporta coherencia visual. En definitiva, escoger la tipografía adecuada es como poner la firma en un contrato digital: es una señal de que el producto es confiable y pensado en la experiencia del usuario.















